La adolescencia nunca fue sencilla, pero en el siglo XXI se ha transformado en un laberinto emocional. En medio de redes sociales, inteligencia artificial y pantallas omnipresentes, los jóvenes enfrentan desafÃos que reconfiguran su identidad, sus vÃnculos y su percepción de la realidad. Hoy exploramos tres de esos retos clave.
El primer reto es la pertenencia digital. En una era hiperconectada, los adolescentes deben elegir —o ser elegidos— en redes sociales que operan como tribus virtuales. Aunque parecen espacios de encuentro, muchas veces refuerzan dinámicas de presión social, exclusión o violencia simbólica
La docuserie británica Adolescencia, estrenada recientemente en plataformas de streaming, ilustra cómo en ciertos entornos digitales se normaliza el machismo radical entre varones que buscan aceptación a través de actitudes extremas. Este bombardeo constante de influencers, rumores y validación externa puede desbordar emocionalmente a quienes aún están formando su criterio y autoestima.
El segundo desafÃo es la distorsión de la realidad. Muchos adolescentes confÃan más en lo que ven en sus pantallas que en su experiencia cotidiana. Si no cuentan con una base sólida de pensamiento crÃtico y conocimiento, su visión del mundo se construye desde una ilusión algorÃtmica. La fantasÃa de volverse viral, ser youtuber o influencer con solo subir contenido superficial crea expectativas irreales. El desencanto llega cuando enfrentan un mundo que exige esfuerzo, tiempo y frustraciones del que muchos no se recuperan o viven resentidos por largo tiempo.
Un tercer reto es el aislamiento social y familiar que tienen que superar los adolescentes. La adolescencia en sà misma adolece de sentirse parte, es un proceso de exclusión-inclusión hasta encontrarse asà mismo. Las redes fomentan esta exclusión. Hoy en dÃa, la inteligencia artificial generativa ha llenado ese vacÃo y las conversaciones entre ellos y el ChatGPT son tan reales y envolventes que los han llevado incluso hasta el suicidio. Pero la exclusión familiar es aún más poderosa: hijos que no se hablan con sus padres en meses: únicamente se envÃan mensajes de textos: Padres que no se hablan solo se “escriben” Familias “intermediadas” por un celular, del que no pueden “vivir” sin estar conectados. Este aislamiento generado por las redes está generando más división y polarización como nunca antes.
Estos retos no son nuevos ni exclusivos de una generación, pero requieren una atención urgente desde la educación, la familia y la polÃtica pública. La vida digital no se apaga: aprender a vivir con ella —y no a pesar de ella— es uno de los desafÃos más urgentes de nuestro tiempo.
La adolescencia digital no es solo una etapa de transición; es un fenómeno social que está reconfigurando nuestra humanidad. El verdadero reto no es apartar a los jóvenes de la tecnologÃa, sino equiparlos con herramientas crÃticas para navegar este océano digital manteniéndose anclados a valores humanos esenciales. Esperemos lograrlo antes de que sea demasiado tarde.
El autor de la columna Tecnogobâ€, Rodrigo Sandoval Almazán, es Profesor de Tiempo Completo SNI Nivel 2 de la Universidad Autónoma del Estado de México. Lo puede contactar en tecnogob@pm.me y en la cuenta de Threads @horus72.
