La productividad laboral de México retrocedió 0.1% en el primer trimestre de 2026 y se mantiene por debajo de su nivel de 2018, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). El dato confirma una tendencia que inquieta a las direcciones de empresa: el país sigue generando empleo —552 mil personas ocupadas más en el mismo periodo—, pero ese crecimiento no se traduce en mayor productividad. Para las compañías, el mensaje es directo: la fórmula de crecer sumando personal está tocando techo.
No se trata de un tropiezo puntual. La productividad laboral del país lleva más de quince años prácticamente estancada, en niveles similares a los de 2009, según análisis de México, ¿Cómo Vamos? A ello se suma un entorno exigente: el Producto Interno Bruto se contrajo 0.6% en el primer trimestre de 2026, su mayor caída trimestral desde finales de 2024.
En ese escenario, muchas empresas están replanteando cómo crecen. En lugar de ampliar la nómina o abrir nuevas áreas —lo que eleva los costos fijos sin garantizar resultados—, buscan obtener más de la estructura que ya tienen: enfocar mejor sus recursos, ordenar su operación y profesionalizar la toma de decisiones. Así lo observa Alejandro Zubiria, consultor y representante de compañías Trust.
“Durante años, la respuesta para crecer fue contratar. Hoy ese camino se encareció y ya no garantiza resultados. Las empresas que mejor están sorteando este entorno no son las más grandes, sino las que aprenden a hacer más con el equipo que ya tienen”, afirma Zubiria.
El reto es particularmente claro para las empresas medianas y grandes, que necesitan seguir creciendo en un mercado más competitivo, pero con los márgenes presionados y los costos al alza. Para ellas, la eficiencia dejó de ser un asunto interno y se convirtió en una condición para competir: cada decisión sobre dónde invertir, a quién contratar o qué procesos simplificar pesa más que antes.
El tipo de empleo que se está creando agrega presión. En el primer trimestre de 2026, la informalidad laboral alcanzó 54.8% y las condiciones críticas de ocupación subieron a 38.8%, de acuerdo con el INEGI. Es decir, se generan plazas, pero muchas de menor calidad y productividad, lo que vuelve aún más relevante que las empresas formales aprovechen mejor su talento.
“La competitividad de una empresa ya no se mide solo por cuánto vende o cuánta gente emplea, sino por qué tan bien usa lo que tiene. Crecer mejor, y no solo crecer más, es la diferencia entre las compañías que van a resistir y las que se van a quedar atrás”, agrega el consultor.
El desafío no es menor para un país que aspira a colocarse entre las mayores economías del mundo, pero que en el último año descendió del lugar 13 al 15, según el Fondo Monetario Internacional. La próxima etapa de competitividad empresarial en México no la marcará quién vende más, sino quién logra crecer mejor: no como un ajuste, sino como una estrategia de negocio.
