Transcurrida gran parte de la primera fecha de la Copa del Mundo hay una impresión dominante: uno de los equipos que mejor juego desplegó fue la selección de Estados Unidos, dirigida tácticamente por el argentino Mauricio Pochettino, ex entrenador del Espanyol, Tottenham y Paris Saint-Germain, entre otros. La contundente victoria sobre un equipo competitivo como el paraguayo nos invita a establecer un análisis previo.
La primera explicación está en la evolución futbolística de un plantel que ya había mostrado señales en torneos anteriores. Con la madurez de Christian Pulisic y Weston McKennie, sumada al atrevimiento de Folarin Balogun, Estados Unidos parece haber encontrado muy buenos intérpretes para la presión alta, la posesión y la recuperación tras pérdida que propone Pochettino. Pero hay una segunda razón, menos visible y quizás más interesante: la capacidad de un cuerpo técnico que no se conforma con la experiencia acumulada en la élite europea y busca permanentemente nuevas herramientas para potenciar su trabajo
Mientras todos esperábamos el inicio del Mundial, ellos trazaron el camino para comenzar a cumplir sus objetivos de manera innovadora: se sumergieron en la carrera tecnológica que permite anticipar cada movimiento dentro de la cancha. Así fue como incorporaron a su cuerpo técnico Sportian Performance, la plataforma de coaching de Globant que integra videoanálisis, datos físicos, métricas tácticas y monitoreo en tiempo real dentro de un mismo ecosistema. Es la misma, por ejemplo, que utiliza LALIGA, que engloba la primera y segunda división del fútbol de España.
Entre otras cosas puede detectar si un futbolista está por encima de su umbral habitual de esfuerzo para prevenir posibles lesiones, revisar cómo evolucionó un jugador o incluso hacer una comparativa entre dos que se enfrentan en un duelo individual específico para corregir movimientos defensivos u ofensivos sobre la marcha. Al mismo tiempo, los analistas pueden etiquetar jugadas en vivo, crear playlists tácticas, descargar reportes automáticos o construir dashboards personalizados según las necesidades del entrenador. Detrás de esa incorporación hay un mensaje claro: en la élite del fútbol ya no alcanza solamente con talento. También importa la capacidad de conectar datos y tomar decisiones rápidas.
La lógica tiene sentido. Uno de los países anfitriones buscará reducir diferencias frente a potencias con mayor jerarquía individual, y la tecnología aparece como un acelerador competitivo para achicar márgenes de error. Gracias a sistemas de GPS, cámaras de tracking e inteligencia artificial, los cuerpos técnicos monitorean métricas como distancia recorrida, cantidad de sprints, aceleraciones, desaceleraciones y frecuencia cardíaca.
En el Mundial de Qatar 2022 los equipos registraron en promedio 108 kilómetros recorridos por encuentro, incluyendo 9.000 metros a más de 20 km/h y 2.345 metros por encima de 25 km/h. Veremos que sucederá esta vez con el famoso cooling break de por medio.
Lavolpe, Coutinho y Bilardo: la obsesión más allá de la época
Se hizo viral la imagen de Pochettino mostrándole a sus jugadores la laptop para que acaten algunas indicaciones tácticas, no obstante, la obsesión por encontrar ventajas competitivas no nació con la inteligencia artificial ni con las tablets. El caso del soviético Valeriy Lobanovskyi fue pionero. En los años 70, el entrenador del Dynamo Kiev trabajaba junto a matemáticos y especialistas en estadística para medir rendimiento físico y comportamiento colectivo. Su metodología terminó construyendo una dinastía de alrededor de 30 títulos.
Brasil también tuvo obsesivos. Coutinho, entrenador en el Mundial de 1978, incorporó estudios fisiológicos y entrenamientos medidos con una rigurosidad poco habitual para la época. Carlos Bilardo llevó esa manía a una dimensión mitológica. Durante el casamiento de Maradona, le pidió a Ruggeri que se parara junto al brasileño Careca para comparar alturas pensando en una eventual pelota parada entre Argentina y Brasil. Había una lógica que hoy domina: anticipar escenarios específicos antes de que ocurran.
Bielsa profundizó esa búsqueda. Mucho antes del big data, Pochettino contó que Bielsa apareció de madrugada en la casa de sus padres para observarlo personalmente después de recibir referencias sobre un chico “con piernas de futbolista”. Décadas después, ese mismo Pochettino dirige a Estados Unidos y aplica tecnología para perseguir la misma obsesión: no dejar nada librado al azar. Ricardo Lavolpe y el tri del Mundial 2006 fueron otro ejemplo de la automatización de movimientos hasta coronar la famosa “salida lavolpiana”, que elogió Pep Guardiola.
La era de la automatización
Europa terminó de profesionalizar esa transformación. Uno de los grandes puntos de inflexión llegó en 1996, cuando la Premier League comenzó a ofrecer datos de manera gratuita. Durante años, sin embargo, el análisis estadístico siguió siendo una ventaja competitiva de pocos. Con el tiempo, el análisis de datos pasó a impactar directamente en el rendimiento deportivo. En 2015, el físico teórico Ian Graham recomendó al Liverpool contratar a Jürgen Klopp basándose en modelos matemáticos que analizaban pases, tiros y recuperaciones de equipos europeos. Klopp llegó al club inglés y profundizó esa estructura de análisis interdisciplinaria que terminaría llevando al Liverpool nuevamente a la cima de Europa.
El Mundial de la interconexión
Los recursos ya están disponibles: cámaras HD, tracking, big data, inteligencia artificial y plataformas integradas transformaron el análisis en una estructura indispensable. El problema dejó de ser conseguir información. El desafío ahora pasa por conectar millones de datos dispersos y convertirlos rápidamente en decisiones concretas.
Ahí entra Sportian. La lógica ya no pasa únicamente por saber cuántos pases completó un futbolista, sino entender qué movimientos generan ventajas, qué recorridos esconden debilidades defensivas y cómo modificar comportamientos en tiempo real.
El fútbol seguirá dependiendo del talento y de decisiones imposibles de programar. Pero la batalla de los cuerpos técnicos tendrá mucho que ver con la interconexión de datos. La obsesión sigue siendo la misma: reducir la incertidumbre.
