La conectividad en el país ha alcanzado niveles históricos. De acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH), el 86.1% de la población de 6 años o más en México ya es usuaria de internet, lo que equivale a 104.9 millones de personas.
Dentro de este ecosistema en plena expansión, la infancia ya es enteramente digital: el 50% de los niños de entre 6 y 11 años utiliza la red de forma cotidiana, mientras que en los adolescentes la cifra se dispara entre el 80% y el 94%. Sin embargo, este crecimiento tecnológico expone a los menores a un entorno cada vez más complejo.
Los indicadores oficiales de ciberseguridad revelan que uno de cada cinco usuarios de internet en México experimentó alguna situación de ciberacoso, una realidad que golpea directamente a niños y adolescentes que navegan cotidianamente sin supervisión. Lo que inicia como una partida de videojuegos en línea o una nueva amistad en redes sociales puede transformarse en la puerta de entrada al robo de identidad o fraudes financieros, un sector donde el ecosistema del gaming ya presenta una tasa de suplantación de identidad del 2.3% a nivel global.
A este panorama se suma el sofisticado avance de la inteligencia artificial maliciosa. Los últimos reportes de Sumsub sobre fraude de identidad alertan que los ataques mediante deepfakes (imágenes y videos falsos hiperrealistas creados con IA) han registrado un incremento masivo superior al 400% en entornos comerciales y plataformas digitales.
Esta práctica no solo es empleada por adultos con malas intenciones, sino también por adolescentes que manipulan contenido para suplantar identidades o burlar restricciones de edad en internet. “Los niños y niñas tienen una identidad digital más frágil y menos monitoreada, lo que los convierte en objetivos atractivos para los estafadores”, asegura Daniel Mazzucchelli, director de Expansión de Sumsub Latinoamérica. “Proteger su presencia en línea es una responsabilidad colectiva que empieza con una óptima verificación de su identidad y de la edad”.
Para mitigar estos riesgos invisibles, diversas plataformas de la industria digital han comenzado a implementar tecnologías avanzadas de verificación que analizan rasgos faciales por IA para estimar la edad en tiempo real —sin comprometer ni almacenar datos sensibles—, detectar documentos manipulados y exigir el consentimiento verificado de padres o tutores antes de permitir cualquier registro. Al final, el blindaje más efectivo se construye combinando estas herramientas críticas con un acompañamiento activo y preventivo desde el hogar.
