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Economía de Datos: el nuevo petróleo del sistema financiero

En mis años navegando el ecosistema fintech latinoamericano, he sido testigo de una transformación que va mucho más allá de la simple digitalización de servicios financieros. Estamos presenciando el nacimiento de una nueva economía: la economía de datos. Y al igual que el petróleo transformó las economías del siglo XX, los datos están redefiniendo completamente el panorama financiero del siglo XXI, especialmente en una región tan diversa y llena de oportunidades como América Latina.

Cuando me incorporé a Coinscrap Finance como Head of Business Development para Latinoamérica, una de las primeras cosas que me llamó la atención fue la paradoja que enfrentamos en la región. Por un lado, tenemos más de 3,000 startups fintech operando en 26 países, con un crecimiento del 340% entre 2017 y 2023. Por otro lado, solo el 54.4% de los latinoamericanos tiene acceso a una cuenta bancaria, y únicamente el 18% ahorra en instituciones formales. Esta brecha no es solo un desafío; es la mayor oportunidad de nuestra generación para democratizar el acceso financiero a través del poder de los datos.

 

El despertar de un gigante dormido

Latinoamérica se está despertando como un gigante en la economía global de datos financieros. Los números hablan por sí solos: se espera que superemos los 380 millones de usuarios fintech para 2025, con más de 415 millones de usuarios de pagos digitales ya activos en la región. Pero lo que realmente me emociona no son solo las cifras de adopción, sino la sofisticación con la que estamos aprovechando estos datos para crear valor real.

Tomemos el ejemplo de Brasil, que ha logrado 4,800 millones de llamadas API exitosas en un solo mes, cuadruplicando las cifras del Reino Unido. Esto no es casualidad; es el resultado de una visión estratégica que entiende que los datos no son solo información, sino el combustible de la innovación financiera. El sistema Pix, por ejemplo, no solo revolucionó los pagos instantáneos, sino que creó un ecosistema de datos que permite a las instituciones financieras entender mejor los patrones de consumo y comportamiento de sus usuarios.

 

La alquimia de convertir datos en oro

En Coinscrap Finance, hemos desarrollado COCO CO2, una herramienta que ejemplifica perfectamente esta alquimia moderna. Nuestra tecnología toma algo tan básico como una transacción bancaria y la transforma en información valiosa sobre la huella de carbono del usuario. Pero esto va mucho más allá de la sostenibilidad; es un ejemplo perfecto de cómo los datos transaccionales pueden crear múltiples capas de valor.

Cada vez que un usuario compra gasolina, va a un restaurante o paga una factura de servicios públicos, está generando datos que, cuando se procesan inteligentemente, pueden revelar patrones de comportamiento, preferencias de consumo, capacidad de pago y hasta su compromiso con la sostenibilidad. Esta información, tratada con la debida privacidad y seguridad, se convierte en la base para productos financieros más personalizados, evaluaciones de riesgo más precisas y experiencias de usuario verdaderamente relevantes.

Lo que me fascina de trabajar en esta región es cómo las empresas latinoamericanas están adoptando enfoques únicos para la monetización de datos. Mercado Pago, por ejemplo, ha triplicado la recepción de remesas digitales en 2025, aprovechando no solo los datos de transacciones, sino también los patrones migratorios y las necesidades específicas de las comunidades latinoamericanas en el extranjero. Esta no es solo innovación tecnológica; es innovación cultural y social.

 

Las APIs: la infraestructura invisible de la nueva economía

Si los datos son el nuevo petróleo, entonces las APIs (Interfaces de Programación de Aplicaciones) son los oleoductos de esta nueva economía. Y aquí es donde Latinoamérica está demostrando una madurez tecnológica que muchos no esperaban. El 28% de los líderes de la industria considera que las APIs tendrán un rol fundamental a medida que avanzan las finanzas abiertas y el Banking as a Service.

En eventos como el AI For Developing Countries Forum, he tenido la oportunidad de discutir con colegas de todo el mundo sobre cómo diferentes regiones están abordando la economía de datos. Lo que me enorgullece es ver cómo Latinoamérica no solo está adoptando estas tecnologías, sino que está innovando en formas que son únicas para nuestros mercados.

México, por ejemplo, se ha posicionado como pieza clave en la conversación de Open Banking en la región. Un caso destacado es Konfio, una fintech mexicana que aprovecha Open Banking para ofrecer créditos a pequeñas y medianas empresas (PYMEs). Mediante el uso de APIs bancarias, Konfio obtiene información financiera de los usuarios de forma segura y con consentimiento, lo que le permite evaluar mejor su capacidad crediticia y otorgar préstamos personalizados en tiempos muy reducidos. Este enfoque ha ampliado notablemente el acceso al financiamiento para negocios que, de otra forma, tendrían dificultades con los procesos bancarios tradicionales

Pero las APIs no son solo tuberías para mover datos; son catalizadores de innovación. Cuando una fintech puede acceder de manera segura a los datos transaccionales de un usuario (con su consentimiento, por supuesto), puede ofrecer servicios que antes eran impensables.

 

La democratización del análisis financiero

Una de las transformaciones más emocionantes que estoy presenciando es cómo la economía de datos está democratizando el análisis financiero. Tradicionalmente, solo las grandes instituciones tenían acceso a herramientas sofisticadas de análisis de datos. Hoy, una pequeña fintech en Bogotá, Ciudad de México o São Paulo puede acceder a las mismas capacidades de inteligencia artificial y machine learning que utilizan los bancos más grandes del mundo.

El 97.2% de las organizaciones están invirtiendo en big data y AI en 2025, y el mercado global de big data se proyecta alcanzar $450 billones para 2030. Pero lo que realmente importa no son estas cifras globales, sino cómo se están traduciendo en oportunidades concretas para nuestra región.

En nuestra compañía hemos visto cómo los clientes utilizan las herramientas de análisis de datos transaccionales para crear productos que van mucho más allá de lo que inicialmente imaginamos. Un banco en Colombia está utilizando nuestros insights para ofrecer hipotecas verdes, donde la tasa de interés se ajusta basándose en el comportamiento sostenible del usuario. Una aseguradora en México está desarrollando pólizas personalizadas que consideran no solo el perfil de riesgo tradicional, sino también los patrones de movilidad y consumo del cliente.

Esta democratización está creando un efecto multiplicador. Cuando las pequeñas y medianas empresas financieras pueden competir en igualdad de condiciones con los gigantes tradicionales, toda la industria se beneficia. Los usuarios obtienen mejores productos, más opciones y precios más competitivos. Es un círculo virtuoso que está transformando el panorama financiero de la región.

 

El factor humano en la economía de datos

Sin embargo, en medio de toda esta revolución tecnológica, no podemos perder de vista el factor humano. Los datos, por más sofisticados que sean los algoritmos que los procesen, siguen siendo representaciones de comportamientos, necesidades y aspiraciones humanas. Y aquí es donde creo que Latinoamérica tiene una ventaja competitiva única.

Nuestra región se caracteriza por la diversidad cultural, económica y social. Un usuario en las favelas de Río de Janeiro tiene necesidades financieras muy diferentes a las de un profesional en Polanco, Ciudad de México, o un emprendedor en Medellín. Esta diversidad, que podría parecer un desafío para la estandarización, es en realidad una oportunidad para desarrollar soluciones más inclusivas y personalizadas.

Durante mis años en el sector financiero, liderando equipos e iniciativas comerciales en fintech y banca empresarial, he aprendido que la tecnología más sofisticada del mundo no sirve de nada si no entiende y responde a las necesidades reales de las personas. Los datos nos dan la capacidad de entender estas necesidades a una escala sin precedentes, pero requieren una interpretación que vaya más allá de los algoritmos.

Navegando el laberinto regulatorio

Uno de los aspectos más complejos de la economía de datos en el sector financiero es el marco regulatorio. Como alguien que ha trabajado en múltiples mercados latinoamericanos, puedo afirmar que cada país está abordando este desafío de manera diferente, creando un mosaico regulatorio que requiere navegación cuidadosa pero que también ofrece oportunidades únicas.

Brasil está trabajando en una taxonomía nacional de finanzas sostenibles que se espera sea lanzada en 2025, mientras que México ha actualizado su Ley General de Cambio Climático para incluir regulaciones más estrictas sobre emisiones. Estos marcos no son solo restricciones; son señales claras de hacia dónde se dirige el mercado y qué tipo de innovaciones serán valoradas en el futuro.

La regulación de inteligencia artificial está llegando a Latinoamérica, y las empresas que se adelanten a estos cambios tendrán una ventaja competitiva significativa. En Coinscrap Finance, hemos invertido considerablemente en asegurar que nuestras herramientas cumplan con los estándares más exigentes, incluyendo la certificación TÜV para COCO CO2. Esta no fue solo una decisión técnica; fue una decisión estratégica que nos posiciona para aprovechar las oportunidades que surgirán cuando estos marcos regulatorios se implementen completamente.

Lo que me resulta particularmente interesante es cómo la regulación está evolucionando hacia modelos basados en riesgo y colaboración. En lugar de prohibir o restringir, los reguladores están buscando formas de fomentar la innovación responsable. Esto crea un ambiente donde las empresas que pueden demostrar el valor social y económico de sus soluciones de datos tienen más oportunidades de crecer y expandirse.

Latinoamérica puede liderar la economía de datos: tiene una población joven y digital, un ecosistema fintech en crecimiento, regulaciones que evolucionan y diversas necesidades que impulsan la creatividad.

A diferencia del petróleo del siglo XX, que generó dependencias y problemas, la economía de datos nos permite construir un sistema más inclusivo, sostenible y humano. Es un recurso que se multiplica al compartirse, se enriquece al diversificarse y aumenta su valor al crear oportunidades para todos.

Por Diego Romero Tuccio
Head of Business Development Latinoamérica, Coinscrap Finance

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