Un CIO conocedor del actual panorama laboral y tecnológico en México sabe que el ecosistema de contratación ha cambiado de forma radical este año. El problema ya no es encontrar ingenieros que sepan programar o utilizar herramientas avanzadas de Inteligencia Artificial generativa. El verdadero dolor de cabeza en las organizaciones es la alarmante falta de criterio técnico: profesionales que dan por buena la primera respuesta de un modelo y rebajan su nivel cognitivo ante la comodidad de la pantalla.
A propósito de su reciente agenda estratégica en el país para conectar con el sector empresarial, Segundo Píriz (Rector) y Adelaida Portela (Vicerrectora de Innovación Educativa) de UNIE Universidad (Universidad Internacional de la Empresa) compartieron en entrevista una perspectiva crítica que sacude los cimientos del reclutamiento en TI: en un mercado saturado de competencias técnicas básicas, el pensamiento crítico aplicado es la única credencial de valor que la IA no puede suplantar.
Al ser cuestionado sobre el despliegue de la institución en territorio nacional, el Rector aclaró que, si bien operan centralmente desde sus campus en España, su vinculación no es nueva ni etérea: “Nuestra vinculación con México es antigua, han sido ya miles de estudiantes mexicanos los que se han formado con nosotros”. Píriz detalló que el esquema de presencia actual se ejecuta bajo una doble vía estratégica: “Queremos seguir abriendo las puertas para que vayan de primera intención a estudiar con nosotros, es decir, que se matriculen directamente a hacer un grado o un máster, o a través de estas posibilidades de intercambio con las universidades mexicanas”, consolidando así un puente de movilidad internacional que impacta directamente al ecosistema corporativo local.
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Auditar el código y el prompt: El peligro de la confianza ciega
Un error común en la gestión de equipos de TI es asumir que dominar el Prompt Engineering (ingeniería de instrucciones) es sinónimo de eficiencia. Para la doctora en ciencias físicas, Adelaida Portela, esta visión es ingenua si el profesional carece de un marco de referencia sólido antes de interactuar con la máquina. “Para poder dar contexto a un modelo y evitar sesgos históricos en las respuestas de la IA, tienes que poseer un conocimiento previo muy robusto de lo que estás hablando”, advirtió la científica.
La vicerrectora traslada al entorno empresarial un fenómeno que ya han comprobado en la práctica: “La IA se inventa autores, leyes, artículos y datos históricos que no existen. El profesional que los CIOs necesitan hoy no es el que automatiza el proceso, sino el que es capaz de auditar, rastrear fuentes y juzgar de manera implacable el output de la tecnología”.
Para robustecer este blindaje operativo en las organizaciones, Portela añade que la tecnología debe ser vista bajo una óptica estrictamente instrumental: “La tecnología per se no es el destino, sino el cómo la voy a utilizar en mi vida personal y profesional”. Bajo esa línea, la científica lanza una advertencia que todo líder de TI debe inculcar en sus células de desarrollo: Hay que tener esa formación para un uso ético y responsable, saber que lo estamos usando bien, que no estás transgrediendo ningún tipo de norma ni estás haciendo un uso indebido, creando, a lo mejor, un sesgo racial, o un sesgo de religión, un sesgo por género.
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¿Humanidades en el departamento de TI? El escudo contra las marionetas técnicas
La desconexión entre la teoría académica y la velocidad del sector productivo suele resolverse con más capacitación técnica. Sin embargo, la estrategia de UNIE propone una solución contraintuitiva: inyectar ciencias sociales y humanidades en el corazón de la tecnología.
“Es sumamente difícil tener espíritu crítico si un profesional no conoce un poco de historia, filosofía o geografía. No queremos formar marionetas corporativas. El valor añadido está en los profesionales híbridos: ciudadanos críticos capaces de combinar competencias digitales avanzadas con habilidades de comunicación, resiliencia y resolución de problemas complejos, explica Píriz. La teoría y la literatura, desde su perspectiva, no son adornos; son el mapa para entender cómo se mueve el mundo y anticipar hacia dónde va el negocio.
Esta visión híbrida cobra sentido cuando se analiza el perfil de los líderes que guían los proyectos. Píriz destaca que el valor de la facultad radica en su dualidad: “Tenemos buenos profesores que cumplen con los requisitos legales, con tesis doctorales, con reconocimientos académicos. Pero tenemos también profesores que vienen del mundo de la empresa, o trabajadores por cuenta propia que han montado su propia empresa, que nos aportan esas experiencias de la realidad y nos conectan con la sociedad”. Asimismo, el Rector puntualizó el fin último de este ecosistema: “Lo que queremos es que ese título les sirva para ser buenos ciudadanos y buenos profesionales”.
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Rediseñando la evaluación del talento
Esta transformación desplaza el valor del reporte tradicional, obligando a los líderes de TI a evaluar el desempeño mediante metodologías activas y aprendizaje basado en retos reales. Al respecto, Portela destaca la urgencia de personalizar los procesos de desarrollo para potenciar las distintas velocidades de aprendizaje del talento: “Tenemos que facilitar las herramientas para que la enseñanza sea más personalizada, para que el que va más lento y necesita un refuerzo salga con los conocimientos de manera más clara y al mismo ritmo que los demás”.
Bajo este enfoque, pedir un informe tradicional ya no tiene validez, concluyó la vicerrectora; “ahora la estructura exige debates vivos y defensas cara a cara donde el profesional demuestre su verdadero criterio técnico”. Esta transición hacia la medición del conocimiento real aporta la agilidad operativa que el sector privado demanda actualmente: «Somos muy flexibles en ese sentido, decir qué se necesita ahora, o hablamos con las empresas y nos dicen un máster o una microcredencial más corta de menos tiempo, sentenció Portela.
Para los líderes tecnológicos en México, la lección de este intercambio es clara: la IA no reemplazará a los equipos de TI; lo hará el talento híbrido que sepa utilizarla con responsabilidad ética, rigor metodológico y un profundo sentido crítico. La colaboración estrecha entre la academia de vanguardia y la empresa es el único camino viable para asegurar que la automatización potencie la innovación en lugar de adormecer la capacidad estratégica de las organizaciones.
-César Villaseñor
