No sé qué impresión le pueda causar el tÃtulo, pero me remontó a hace unas semanas cuando leà un artÃculo del boletÃn de CIO.com.mx en el que se citaba un artÃculo de Forbes de Steve Denning en el cual listaban los diez trabajos más odiados, y en esta ignominiosa lista el trabajo más odiado número uno era precisamente el de CIO.
El resultado fue arrojado por una encuesta aplicada a cientos de miles de empleados realizada por CareerBliss y difundido por la CNBC. Cito textualmente lo que apuntaban del CIO:
“1.- Directores de TecnologÃa de Información tienen casi tanta influencia sobre el destino de algunas empresas como un director general, pero que presentan el mayor nivel de insatisfacción con su trabajo.†¿Por qué? “El nepotismo, el clientelismo, la falta de respeto para los trabajadores.”
Con humor convoque a mi equipo y sentencié, “¡Quién quiera buscar mi puesto sepa que es el más odiado de entre muchos trabajos en el mundo!†Aunque esto pudiera tener su tinte humorÃstico, me llevó a una reflexión que hubiera obviado en otros tiempos, por lo que me pregunté, “¿Debo desdeñar esa información? ¿Debo hacer algo? ¿Cómo limpiar una imagen que eventualmente se ve dañada por los constantes cambios tecnológicos y que, aunque uno no lo sienta, el detrimento ahà está?â€
La imagen de uno como CIO no deja de ser una percepción que resulta de la impresión de nuestros sentidos, pero si alguien comparte esa imagen individual con otros se vuelve parte del colectivo.
Dice VÃctor Gordoa en su libro “El poder de la imagen pública†que la imagen es percepción, que se convierte en la identidad y, con el tiempo, en reputación. Por favor, meditemos en la última palabra -“reputaciónâ€-, que aunque muchas veces justifico con la frase, “Qué importa lo que opinen los demás, lo que importa es lo que piense mi CEOâ€; a la postre, lo que piensen los demás crea mi reputación.
Mi reputación comienza con la imagen fÃsica, y dicen los conocedores que esta imagen comienza con la apariencia, con el vestuario, con los accesorios y, desde luego, con el lenguaje corporal. Otros aspectos que inciden, por ejemplo, en las mujeres CIO es la estética o el maquillaje; a todos nos compete la cosmetologÃa dental, etcétera.
En cuanto a la imagen profesional, ésta incide en la forma como nos comportamos, es decir, los protocolos que seguimos y, desde luego, la forma en cómo respondemos al enfrentar una crisis.
PodrÃamos hablar de tantos aspectos que inciden en nuestra imagen como lo es la palabra oral, la escrita, mi ortografÃa, mi redacción, mis ademanes, mis gestos, el contacto visual, el táctil, etc. ¿Y qué decir de la lejanÃa con nuestros clientes internos que tanto daña nuestra imagen? Que en consecuencia, si la evitamos y buscamos la cercanÃa, podrÃa beneficiar nuestra reputación, podrÃa explicar por qué tomamos las decisiones, o en qué les beneficia los cambios que realizamos o simplemente escucharlos. Es un tema que puede ser extenso, pero que en mi caso, trataré de no desdeñar sino que será un hito que siempre deberá ser parte de mi agenda.
Me despido citando el segundo punto del Ideario de Don Eugenio Garza Sada: “II. Controlar el Temperamento – Debe tenerse capacidad para dirimir pacÃfica y razonablemente cualquier problema o situación, por irritantes que sean las provocaciones que haya que tolerar. Quien sea incapaz de dominar sus propios impulsos y expresiones, no puede actuar como director de una empresa. El verdadero ejecutivo abdica el derecho a la ira.â€
Miguel Ãvila es CIO de Grupo Alcione. Puede contactarlo en man@alcione.mx; sÃgalo en @mijaelavila o en su Blog www.mijaelavila.com.
