Desde hace años, en mesas redondas con CIOs y ponencias de proveedores, he escuchado repetidamente que “los datos son el petróleo del siglo XXI”. Sin embargo, en la actualidad, esa frase se ha convertido en una verdad a medias. Un CIO con visión estratégica sabe que los datos acumulados por décadas no son riqueza per se; de hecho, si no se gestionan, se transforman en un pasivo tóxico: mantenerlos cuesta, protegerlos agota y no utilizarlos degrada el valor de la organización frente a competidores más ágiles.
Esta degradación no es una mera percepción subjetiva, de acuerdo con el reporte de IBM (Cost of a Data Breach 2025), la falta de visibilidad y gobernanza sobre los activos digitales —el llamado Dark Data— sigue afectando a más del 60% de la información recolectada por las empresas. Estos activos sin clasificar y aprovechar, lejos de alimentar la inteligencia del negocio, sólo consumen presupuesto de almacenamiento y expanden peligrosamente la superficie de ataque. En Latinoamérica, esta brecha se acentúa por la persistencia de sistemas legados, convirtiendo a muchos Centros de datos en un “agujero negro” para el presupuesto de TI.
En mi reciente conversación con Roberto Calleja, líder de Nube e IA para Microsoft Latinoamérica, abordamos este dilema. La transición de “dato acumulado” a “activo líquido” es, en esencia, una operación de refinamiento tecnológico y una apuesta de innovación estratégica. Roberto es enfático: la Inteligencia Artificial no es una varita mágica; es una estructura que se construye sobre una base de información sólida. Sin esa base, la IA solo genera ruido, no resultados.
La liquidez del dato a través de la infraestructura
Para que este “capital de datos” sea una verdadera palanca de innovación, el CIO debe actuar como un gestor de activos. Su labor es “limpiar”, eliminando la obsolescencia y asegurando que cada byte esté disponible para la IA. Si el dato no es “líquido” —accesible, limpio y gobernado—, la inversión en modelos de lenguaje será un gasto perdido. En esta ecuación, los proveedores de nube son piezas clave para consolidar la arquitectura. Como afirma Calleja, el verdadero desafío es la preparación de los datos. Sin seguridad y gobernanza, no hay estrategia de IA que se sostenga, la única forma de avanzar es con un enfoque estructurado.
Bajo esta lógica, la visión de herramientas como Microsoft Fabric deja de ser un tema puramente técnico para volverse una necesidad financiera: es el centro de consolidación que permite romper los silos operativos. Como el mismo Calleja enfatiza, la meta es dejar de segregar la información entre el ERP, el CRM o el punto de venta para entender que “todos son datos de la empresa”. Al unificarlos por medio de un centro de consolidación, es posible que los datos aislados se conviertan en un idioma de negocio común, permitiendo que la IA tome decisiones basadas en la totalidad del activo y no en fragmentos inconexos.
El punto de vista del especialista: Por qué el Capex tradicional es el lastre de la IA
En la economía de la IA, el riesgo no sólo es la seguridad, sino también la incapacidad de maniobra: una infraestructura que no se mueve a la velocidad del mercado es un activo que drena capital en silencio. En este sentido, el mayor gasto oculto de un C-Level hoy es el Costo de Riesgo derivado de la rigidez al aferrarse al almacenamiento físico bajo la premisa de “mantener el control”.
Roberto Calleja identifica este lastre en el modelo tradicional de Capex, donde se compra hardware para el “peor escenario” (picos como el Buen Fin). “Es capacidad pagada que el 90% del año no produce nada”, señala. La nube híbrida elimina este desperdicio, permitiendo que el gasto operativo (Opex) se ajuste quirúrgicamente a la demanda real.
La flexibilidad acelera el retorno. Mientras la infraestructura física impone meses de fricción en compras e instalación, la nube híbrida permite un Time-to-Market casi instantáneo. Como enfatiza Calleja, esta elasticidad permite a las empresas “fallar barato” o “escalar al instante”, logrando que el ROI de un proyecto de IA empiece a contar desde el día uno.
Para quienes temen perder el control, Calleja recomienda la soberanía híbrida mediante soluciones como Azure Arc. Este esquema permite mantener datos sensibles físicamente en servidores locales (Soberanía) mientras se benefician de la seguridad Zero Trust de la nube. Es el seguro de vida del CIO: control total del activo con la potencia del mercado global.
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Lecciones de los 100 Mejores CIO: Tres pilares de decisión
En la última evaluación de casos de éxito que realicé para la selección de la edición 2025 de “Los Mejores 100 CIO de México”, conversé con más de cincuenta CIOs sobre sus proyectos tecnológicos. Y fue en ese acercamiento personal que reafirmé una constante en el tema de Nube: Muchos CIOs y directivos se dejan llevar por un “entusiasmo tecnológico” que muchas veces pone en riesgo la rentabilidad de sus iniciativas. Al compartir esta postura ante Calleja, concluyó que se debe pasar por un filtro de tres criterios no negociables que, desde mi perspectiva, definen la supervivencia financiera de un proyecto:
- Valor del Dato en Tiempo Real: Si el dato no es accionable al instante, la inversión en IA es estéril.
- Gravedad Regulatoria y Soberanía: No negociamos soberanía por innovación; usamos la arquitectura híbrida (como propone Calleja) para que la IA vaya al dato y no al revés.
- Escalabilidad e Industrialización: No se debe invertir en prototipos eternos. La IA en la nube es para procesos que escalan sin disparar el costo linealmente.
Estos pilares propuestos por Calleja refuerzan mi tésis personal que, actualmente, el CIO actualmente también es un gestor de riesgos. Bajo esta óptica, el ejecutivo tecnológico debe tomar en cuenta que la arquitectura tradicional y la nube no compiten; coexisten. Una resguarda la base, la otra cataliza el futuro.
Del pasivo tóxico a la fábrica de decisiones: El nuevo tablero del CIO
El desafío del C-Level no es elegir entre modelos, sino evitar la parálisis estratégica. Como señala Roberto Calleja, la tecnología debe ser invisible: un habilitador donde el CIO deja de gestionar “soporte” para liderar el crecimiento. Lograrlo exige entender que el valor del almacenamiento local no se mide por cuántos terabytes guarda, sino por qué tan rápido se conectan a la inteligencia del mañana. Mantener el control físico es —en muchos casos— un acierto de cumplimiento, pero el aislamiento operativo es un riesgo que compromete la agilidad de toda la organización.
Bajo esta óptica, el almacenamiento local es un puerto seguro, pero el liderazgo consiste en evitar que la soberanía se convierta en soledad competitiva. Mediante soluciones como Microsoft Fabric, el on-premise deja de ser una isla para integrarse a un entorno de analítica unificado. Esta arquitectura permite proteger el activo sensible sin renunciar a la IA que la competencia ya explota, eliminando duplicidades y transformando el dato estático en un flujo constante de valor. Es aquí donde los datos que ayer eran un pasivo tóxico se convierten finalmente en el combustible de una Fábrica de Decisiones.
Estas reflexiones y charlas con estrategas como Calleja, son las que me permiten elevar la vara al momento de evaluar los casos de éxito de “Los 100 Mejores CIO de México”. Al final del día, mi labor como observador del mercado es identificar a esos líderes que han dejado de ser guardianes de archivos para convertirse en arquitectos del futuro. Quien logra esta metamorfosis no sólo resguarda su capital de información, sino que toma el control total de su mercado.
