Carlos estaba desencajado porque tenÃa una cita familiar y probablemente llegarÃa tarde. Su esposa Marta estaba fuera del garaje viendo su iPhone y esperando a sus dos hijos. Súbitamente ellos salieron corriendo y abordaron la camioneta. Marta estaba absorta consultando su dispositivo móvil y ni siquiera escuchó cuando se cerró la puerta del vehÃculo familiar, por eso se sobresaltó cuando Carlos sonó la bocina y con grandes aspavientos le hizo señas para que se apurara.
Al subirse a la camioneta, Marta recibió el clásico reclamo de su marido: “¡Se nos hace tarde y tú… viendo el Facebook!â€. Ella espetó: “Es que mi prima posteó que Susanita se fracturó el brazo, y le expresé cuánto lo siento, y le pregunté si algo se le ofrecÃa…â€. Carlos avanzó con el ceño fruncido. Marta no entendÃa la falta de sensibilidad de su esposo ante el accidente de su sobrina.
Muy seguro estoy, amable lector, que la historia anterior la ha vivido o al menos presenciado. Pero, ¿por qué Facebook, WhatsApp, Snapchat, etcétera, han trastocado tanto nuestras vidas? En mi humilde opinión, han sido la plataforma tecnológica perfecta para establecer una buena comunicación a través de lo que John Barnes definió como “Redes Socialesâ€. Cabe destacar que lo hizo en 1854 y lejos de ser un término tecnológico es un término antropológico.
El gran problema es que las redes sociales han penetrado en nuestras vidas de una forma desenfadada y hasta descortés, y han provocado que aquellas personas que nunca gustaron de la tecnologÃa ahora reclamen su derecho de tener el mejor smartphone para estar “mejor†comunicadas.
Las redes sociales han tenido un éxito brutal en la vida moderna e incluso han provocado que la gente lea hoy más que en el pasado (ojo, no escribà que leen “mejor literatura†que en el pasado) y si esto es asÃ, ¿por qué no se ha aprovechado en un sentido laboral?
¿Acaso podrÃamos invitar a unirse a los consultores externos, programadores, dueños del proceso y ejecutivos relacionados con el proyecto de CRM o Big Data a un grupo de la Red Social empresarial?¿Cuánto tiempo nos podrÃamos ahorrar al evitar que se nos reenvié el correo en el cual no fuimos incluidos? ¿Cuántos correos evitarÃamos borrar en los que sólo estamos incluidos para salvaguardar “que fuimos tomados en cuenta†y que a la postre ni leemos?
¿Hay una sobrexposición de información?, sÃ; ¿tenemos muchas fuentes que nos la proveen?, sÃ; ¿deberÃamos hacer algo?, ¡sÃ! Qué importante es usar concienzudamente las Redes Sociales empresariales, las cuales están aniquilando al correo electrónico. No en balde el 80% de las 500 empresas de Fortune las emplean.
¿Resistencia al cambio entre tecnólogos?, la hay. Por ello, nos conviene hacer un alto, replantear nuestra estrategia de comunicación y entender que el correo y el teléfono son cosas del pasado, y que asà como aparecen las alertas de Foursquare, WhatsApp, etcétera, también deben aparecer las alertas de nuestra red Social Empresarial en nuestro smartphone y aún en nuestro reloj, pero de forma inteligente, siguiendo a grupos, temas y personas de nuestro interés y, dependiendo su importancia, configuremos la periodicidad de tales alertas.
Me despido con una frase de mi Twitter @mijaelavila: “Al ser humano no le gusta cambiar; por ello, el gasto de oxÃgeno y glucosa tampoco le gusta a nuestro cerebroâ€.
