La inteligencia artificial generativa (GenAI) ya forma parte del desarrollo de los videojuegos, puesto que acelera los procesos, abarata ciertas tareas y amplía las posibilidades creativas. Anda en boca de todos desde hace ya unos años, y, en la industria del videojuego, en la que precisamente se juntan el trabajo artístico y creativo con la tecnología, no iba a ser menos. Cuando la mayoría de las grandes compañías de videojuegos están invirtiendo enormes cantidades de dinero en integrar diferentes tipos de GenAI dentro del desarrollo de sus títulos, cabe preguntarse cuáles son las ventajas y los riesgos del uso y la implantación de esta tecnología.
Por otro lado, los jugadores tampoco permanecen indiferentes ante la IA, especialmente en un contexto en que el aumento de la demanda de infraestructura tecnológica asociada a esta tecnología está contribuyendo a la subida del precio del hardware, incluida la memoria. Mientras que el público pide transparencia a la hora de saber si sus videojuegos han usado esta tecnología, las compañías están haciendo un esfuerzo visible en el marketing de estos movimientos y anuncios, y la están presentando como algo innovador, ético, que mejorará el producto final y que en absoluto perjudicará a los trabajadores ni sus puestos de trabajo.
Si bien es difícil determinar en muchos de los casos si la implantación de esta tecnología por parte de las empresas está directamente relacionada con las recientes olas de despidos, es importante tener capacidad crítica a la hora de evaluar su impacto tanto en la creación de los videojuegos como en su consumo.
De programar comportamientos a crearlos en tiempo real
En primer lugar, y para entender mejor sus riesgos y ventajas, es importante definir qué es una IA generativa y en qué se diferencia de la IA tradicional, que, desde los inicios del videojuego, ha estado presente en la parte de programación de este medio. Carles Gallel Soler, profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), explica que “la diferencia principal está en cómo se genera el contenido. Tradicionalmente, la inteligencia artificial en los videojuegos se basaba en sistemas de reglas diseñados manualmente por los desarrolladores, lo que hacía que los comportamientos y las experiencias, aunque variados, estuvieran siempre predefinidos”, aclara.
En el caso de la GenAI, Gallel explica que “introduce la capacidad de crear contenido nuevo en tiempo real, como diálogos, misiones o interacciones que no están previamente escritas”. Joan Arnedo, también profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación y director del máster universitario de Diseño y Programación de Videojuegos de la UOC, define la GenAI como “la creación de elementos de juego (gráficos, música, código, etc.) que no han sido creados directamente por un humano, sino por un sistema de IA a partir de unas instrucciones, como puede ser a través de modelos extensos de lenguaje o LLM, por sus siglas en inglés (large language model)”.
La democratización del desarrollo de videojuegos
Cuando nos centramos en los aspectos positivos, los expertos en la materia coinciden en una cuestión: la aceleración de los procesos de trabajo y una mejora en la eficiencia de la creación. Gallel explica que la GenAI actúa como una capa adicional que acelera tareas clave y “permite desarrollar más rápido y con menos recursos”.
Ambos también coinciden en el aspecto positivo de la accesibilidad y la democratización que aporta esta herramienta al desarrollo de los videojuegos. En palabras de Gallel, “estudios independientes pueden abordar proyectos mucho más ambiciosos que antes, lo que fomenta un entorno más competitivo, en el que la calidad media de los videojuegos tiende a aumentar”. Arnedo opina, en este mismo sentido, que la GenAI “baja la barrera de acceso para aquellos nuevos actores que quieren introducirse”.
